Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


viernes, 20 de octubre de 2017

Nanorrelato Nº 474. Incompetentes:¿por qué no os estáis tranquilitos?

Y la solución vino de las plantas. Sí, así fue, ya que los incompetentes (convencidos de casualidad, ¡que la suerte siempre es definitiva!), jugaron durante una semana a convertirse en geranios. Entonces, se dio el milagro. Por un lado: los bloques, los barrios, las regiones, los países, los continentes, los sistemas solares, las galaxias, los cúmulos de galaxias y hasta los agujeros negros, y por el otro: los individuos, los órganos, las células, los componentes celulares, las moléculas, los átomos, los electrones, neutrones y protones y los quarks, volvieron a su estado normal, con sus lógicos problemas, pero los de siempre. Fin. Todo se arregló. Otra vez, fin.

martes, 19 de septiembre de 2017

Nanorrelato Nº473. Libre, de todo

Los había leído todos. Y hasta alguno de ellos varias veces, para exprimir cualquier mensaje secreto que se le hubiese escapado en su búsqueda de la adaptabilidad. Si se hubiese publicitado, sería uno de los máximos referentes en libros de autoayuda. Tenía la casa llena de postits que rezaban mensajes del estilo “Hoy es único”, “Claro que puedes” o “Ahora empieza todo”. Cada vez que se asomaba a un espejo, verbalizaba con la imagen allí mostrada: “tú eres el mejor. A por todas”. En la nevera, alimentos que de ninguna manera proporcionaban metabolitos tóxicos que agravaran su estado. Crema hidratante para las rozaduras de la  mascarilla de nivel 2 para filtrar todos los gases, tanto invernadero como de entretiempo. Hasta consiguió una bala de material reciclable para evitar contaminar el mundo con las clásicas de plomo.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Nanorrelato Nº 472. Violencia de género

Los moratones de su joven y musculado cuerpo olían como las telas que inundaban el espacio tridimensional de los velatorios de antaño, gargajos púrpuras que van anunciando a muerto. Sentado al lado del cadáver, un muchacho agitado, con movimientos repetitivos, exactos en distancia y tiempo por el extenuante entrenamiento llevado a lo largo de toda su vida sin comprender nada. Sentado al lado del vivo, rodeado de cables y pitidos que intentan desesperadamente fintar la guadaña, el mismo muchacho con los mismos aspavientos. Ambas familias destrozadas en los purulentos escenarios que la maldad ha conseguido clavarles a escoplo. Futuro y presente unidos en una singularidad cuántica.

P.D ¡Aúpa, valientes! Se les puede derrotar

viernes, 1 de septiembre de 2017

Nanorrelato Nº 471. Lo normal

Se pasaba, desde hacía algún tiempo (desde los “tiempos modernos”), todo el mes de vacaciones intentando recordar las contraseñas que usaba en el trabajo y en su vida habitual, ya que en su día le dijo, un chico muy serio y muy listo que llevaba una camiseta con la cara de Darth Vader, que era un error garrafal apuntarlas en un papel. Bueno, las palabras exactas habían sido “agujero de seguridad”, y claro, eso sonaba fatal, sobre todo en los tiempos que corren. Así que, repito, como cada media hora o así las repetía ayudándose de la musiquilla con la que había aprendido de niño las tablas de multiplicar:” la de Windows…,ésta; la del banco...,aquella; la de internet…,laquesea; la de twitter...,esta otra; la de Facebook...,lademásallá” Y así ¡cada media hora!, porque era enorme la complejidad y el número tan elevado de passwords, cada una con una mayúscula y un número como mínimo, por supuesto. Así que el día, que por razones… ¡vaya usted a saber! decidió quitarse la vida, encriptó la carta de despedida con el algoritmo más potente que existía en ese momento. Al forense, por tanto, no le quedó otra que encogerse de hombros dada la imposibilidad de saber la motivación, a lo que un colega de veraneo del finado apuntó:
 << ¿Por qué lo habrá hecho? ¡Y estando de vacaciones! Si era un tipo normal. Ayer mismo me tomé una caña con él y, como en una media hora, me dijo que tenía que irse a casa para repasar las contraseñas. Vamos…, lo normal >>  

domingo, 28 de mayo de 2017

Nanorrelato Nº 470. El gran día



Ya no lo podía demorar más. Había llegado la hora, el momento de la verdad. Sí, ya sabía que estaba preparado porque lo había estudiado a conciencia. Pero a pesar de todos esos argumentos que apuntalaban su éxito, los nervios eran inevitables. Había tardado mucho en decidirse <<Mejor ir con absoluta seguridad>> A lo largo de toda su vida siempre había sido una constante el ir “bien ilustrado”, como le repitió en su niñez hasta la saciedad su abuela en su educación paralela a la formal, que a ella siempre le parecía insuficiente. Sí, era el momento. Se abrió la puerta y…gran parte de las personas allí sentadas le miraron de inmediato, debido a la invisible e irresistible llamada que provoca la curiosidad. Con una inclinación rapidísima del cuello echó una mirada de reojo a su vestimenta y se volvió a dar el aprobado, como las otras cien veces que se lo había preguntado. Una vez llegado al sitio, se detuvo en seco y comenzó: <<Señoras y señores, muy buenos días. Me veo el la onerosa obligación de pedirles una ayuda, unas monedas sobrantes…. >>

lunes, 22 de mayo de 2017

Nanorrelato Nº 469. Doctor Pollino


Érase una vez un burro fuera de lo corriente, en lo que a inteligencia y honestidad respecta. Era cultísimo. Sabía de todo y lo que es más importante: quería que su dueño se diese cuenta de su cultivado saber para, según él, ser más productivo para la sociedad. Mientras daba vueltas al molino, no hacía más que hacerle señales a su jefe para que se diera cuenta de su sabiduría: le escribía con la pata en la tierra el teorema de Gauss, miraba hacia el cielo para que se diese cuenta del efecto Doppler manifestado en el cambio de color de las galaxias, rompía los trozos de granito que encontraba a su paso para que su dueño supiese que realmente estaba formado por cuarzo, feldespato y mica y rebuznaba intentando recordarle que la novena sinfonía de Mahler fue la última que compuso antes de morir, por poner algunos ejemplos. Un día, mientras se miraba en un charco para enseñarle a su patrón el concepto de la reflexión de la luz y la diferencia de velocidad de ésta respecto de la que tenía en el vacío, sintió un golpe tremendo en la espalda y, a la par, con el rabillo del ojo, observó como su dueño se le acercaba a una de sus enormes orejas por estribor << Me importan tres cojones si Holden Caulfield, el protagonista del “Guardián entre el centeno” sufría en extremo. Me importa una mierda si el Universo es cóncavo o convexo o si las células malignas inhiben la apoptosis, es decir, la muerte celular programada. Aquí sólo hay dos puestos, el tuyo y el mío. Y yo no quiero el tuyo. Es más, para conservar el mío, sólo tienes que dar vueltas en ese puto molino de agua y mi Jefe político, que es analfabeto perdido, que como bien sabes pasa de vez en cuando por el camino de la montaña, vea que te mueves sin parar. Así que la próxima vez que te vea titubear te muelo a palos>> Fin.

P.D: No es una montaña, es una colina (La esperanza jamás se pierde)

jueves, 11 de mayo de 2017

Nanorrelato Nº 468. La auténtica lagartija

Érase una vez una lagartija que, enamorada del Sol, intentaba llamar su atención desde que salía hasta su ocaso sin obtener respuesta. Día tras día, recién acicalada, bailaba y bailaba intentando inútilmente que el lejano astro se fijara en ella. Por la noche, leía novelas de amor y se imaginaba que aquellas escenas tan maravillosas le ocurrían a ella, y esa ilusión era el motor para volver a intentarlo al día siguiente. Pero un día, cansadísima de tanto fracaso, se quedó debajo de su piedra, quieta, callada, sin gesticular…, y amaneció el día más nublado que jamás se había visto. A la mañana siguiente, subió de nuevo a la piedra en la que habitualmente hacía sus piruetas, pero esta vez se quedó quieta, sin llamar la atención, siendo como realmente era ella, haciendo lo que le apetecía. Y el Sol la abrazó con sus rayos anaranjados, para juntos ser felices siempre.