Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


martes, 12 de diciembre de 2017

Nanorrelato Nº 487. El jardín y la primavera

Érase una vez un par de semillas que volaban juntas arrastradas por el viento. Durante su arduo viaje, repleto de peligros que fueron sorteando porque eran dos semillas muy tenaces, apareció una gran amistad que, con el tiempo, se transformó en un tórrido romance para evolucionar a un sólido amor, ya que tuvieron la gran suerte de caer muy cerca y así llevar a término todos esos planes maravillosos que imaginaron durante el vuelo. Con el tiempo dos árboles magníficos salieron de ambas simientes cuyas ramas, repletas de hojas, entrelazaban durante las primaveras. Pero…, eran de dos especies distintas y uno de ellos creció más que el otro, por lo que cuando llegaba la siguiente primavera, el más alto tenía que agacharse para abrazar a su amante. Y como la condición arbórea es parecida a la condición humana, se cansó del esfuerzo y una primavera dejó de agacharse. La verdad es que era un árbol altísimo y precioso; tan era así que el dueño del jardín lo arrancó y se lo vendió a un señor muy rico que lo quería en su palacio. El árbol pequeño se encontró muy mal cuando le vio partir, a pesar de que no le abrazase desde hacía varias primaveras, ya que sentía la misma intensidad amorosa que cuando eran muy felices juntos. Pero el otro no: se marchó altivo por estar llamado a grandes empresas y olvidó por completo al diminuto compañero. Pasó mucho tiempo y el más pequeño siguió en el jardín, que convertido en parque público, acumuló corazones de adolescentes enamorados que le cosquilleaban el tronco y decenas de nidos de ruidosos pajarillos y…, olvidó a su antiguo compañero, rehaciendo su vida con un simpático arbusto que desde que germinó se había fijado en él. El  otro está en un cementerio, solo,  rodeado de amargados cipreses, ya que su importantísimo dueño al morir quiso que le acompañase en su eterno descanso. FIN.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Nanorrelato Nº 486. La Tierra Soñada

Confundía el amanecer con la puesta de Sol: no era capaz de discernir si la dorada estrella subía o bajaba. El pasado y el futuro se intercambiaban de forma sarcástica, como si bailaran agarrados y una vez llevara uno y la siguiente el otro. Tampoco distinguía si la barca iba o venía, si la playa se acercaba o alejábase, si los gritos de los que se ahogaban aumentaban o disminuían. No era capaz de nada salvo de agarrar a su hijo, del que tampoco sabía si crecería grande y sano en la Tierra Soñada o el mar se lo tragaría transformándolo en un insignificante aborto.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Nanorrelato Nº 485. No sé querer

No sé querer: no tengo ni la más remota idea. Cuando me enamoro es tal la intensidad que pongo en ello, que dicho maremoto acaba por destruir la pareja. ¡Qué daño me ha hecho leer tanta poesía! Debería de guardar algo, algo de pasión quizá. La verdad es que me desespero porque sufro innecesariamente sabiendo de antemano la solución, que es lo gordo del tema. Prometo una y otra vez que voy a ser más conservadora, que voy a pensar un poco más en esa relación estable que tanto añoro y menos en mí…, pero nada, siempre meto la pata…, la pata frontal para ser más exacta. Si es que soy una mantis religiosa sin solución. ¡Otro que me como! Y mis ojos compuestos, de nuevo, llenos de lágrimas ¡Qué desesperación!

martes, 5 de diciembre de 2017

Nanorrelato Nº 484. ¿Útil? Cuidado

Érase un christmas dejado encima de una estantería, olvidado desde hacía muchas navidades. Los e-mails, whatsapps y mensajes de face, que viajaban por el éter camino del móvil, se reían de él, de su obsoleto mensaje y estática figura. De hecho, nada más llegar al teléfono, le enviaban una carcajada en modo de pitido o campanilla, que es como ellos muestran su desprecio, sobre todo los whatsapps, que son los más maleducados y abyectos. Pero nuestro christmas no les hacía caso y, a pesar del tiempo transcurrido, exhibía con orgullo el trineo dorado que llevaba pintado en su cubierta, creyendo además de vital importancia y rabiosa actualidad el mensaje manuscrito en su interior. Un día se oyó un estruendo, como un golpe seco. Miró con disimulo y vio como el teléfono móvil estaba desguazado en el suelo. Nuestro amigo pensó, de inmediato, en la muerte horrible que acababan de tener todos aquellos que tanto se habían reído de él. De pronto, sintió un dolor horrible en su cintura.
<< Eso, calza la mesita con esa tarjeta navideña que…, lleva lustros ahí. Si lo hubieses hecho antes, no me habría quedado sin móvil >>

lunes, 4 de diciembre de 2017

Nanorrelato Nº 483. El sitio correcto

<< ¿Qué…, estoy haciendo?>> Se preguntó el patito feo antes de frenar en seco, bueno en mojado ya que estaba en medio del lago. Las ondas producidas por el frenazo desconcertaron al cisne que llevaba al lado.
<< ¿Qué haces?>> le soltó rápidamente el precioso cisne hembra que nadaba justo delante de él. << ¿Por qué paras así? ¿No ves que tienes que seguirme? Tenemos que nadar en medio del lago para que nuestra belleza sea contemplada por todos. Somos cisnes >>
<<No. Me voy a la orilla a que me tiren pan. Tengo que dejar de ser “patito feo” y cisne. Yo no soy ninguna de las dos cosas. Soy un pato. De todas formas: gracias, preciosa >> Y con un sonoro ósculo seguido de un cuá muy sincero, se despidió nuestro ánade protagonista.
FIN

jueves, 30 de noviembre de 2017

Nanorrelato Nº 482. La vasija embargada

Érase una vez un genio español. Digo esto porque su morada habitual no era una cobriza lámpara a la que bruñir para verle cara a cara, sino un botijo. Como todos los de su especie, lo que peor le sentaba era estar dentro de su casa encerrado, situación en la que mataba el tiempo deseando que algún ser humano bebiese por el pitorro pequeño y por el grande unos segundos determinados y, como en el caso de sus congéneres arábigos cuando eran frotadas sus lámparas, salir al encuentro de la persona afortunada para satisfacerle en sus deseos, para una vez cumplidos (como todo el mundo sabe), volver de nuevo a su oscura e incómoda morada. Pero un día su aborrecido botijo se rompió, y fue libre. Al cabo de algún tiempo, la tristeza invadió su etéreo cuerpo dando paso a sensaciones que jamás había sentido pero que había observado infinidad de veces. Se dio cuenta de que al perder su casa ya no podía hacer de genio, ya no podía hacer feliz a ningún ser humano y, en una centésima de segundo, se arrepintió de tantos siglos de maldiciones a su botijo del alma: comprendió, por primera vez, la causa de la desesperación de esas personas cuando se encontraban al borde de perder “sus botijos”.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Nanorrelato Nº 481. Canción del pirata bueno

Avisté el navío desde lo alto del puente de mando y, presto, ordené rumbo hacia él. Una vez a su altura, mi tripulación lo cañoneó desarbolándolo a la primera andanada, quedando la malvada goleta a merced de nuestro honrado buque. Mis hombres, raudos como nadie, abordaron el barco de los malvados piratas, dando por fin un final feliz a tantas fechorías cometidas. Una vez encarcelados los bucaneros en la bodega, mis fieles marineros traspasaron todas las riquezas que habían sustraído durante sus execrables días de navegación, que rápidamente me puse a clasificar para devolvérselas a sus legítimos dueños…
<<Estás hablando en sueños, Ambrosio. Venga, vete despertando que hoy nos manifestamos prontito. Y no te olvides, como el otro día que ¡vaya disgusto me diste! de tomarte la pastilla de la tensión, del riego, del estómago y del corazón…Vamos, que no te olvides de ninguna>>