Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


jueves, 20 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 463. Vientos de sintasol

    ¿Te has enterado?
    ¿De qué?
    ¡Hija, es que estás más despistada! Pero si no se habla de otra cosa.
    Ya, es que llevo una actividad frenética. Dime
    Pues eso, que parece ser que nos van a sustituir.
    ¿A nosotras? ¿Por?
    El porqué, no lo sé realmente. Pero sí por quien: por un sintasol.
    ¿Sintasol? Pero…eso no puede ser. Si el sintasol es una imitación barata de baldosa. Anda, anda, que vaya tonterías se comentan.
    Te lo juro. Es totalmente cierto.
    Pero… ¡si nosotras hemos cumplido siempre con primor nuestras obligaciones!
    Eso no tiene nada que ver, por lo visto. Vamos, es lo que dice la que está más cerca del escritorio del jefe que oye todo a la perfección. Creo que lo que más preocupa ahora es la posibilidad de cambiar más fácilmente.
    ¿De cambiar? ¿Por un sintasol?
    Claro, nosotras somos fijas. Para quitarnos tienen que hacer mucha obra, contratar a mucha gente, pedir licencias costosas y cosas así. En cambio con el sintasol  el compromiso es menor. Lo quitan y lo ponen cuando quieren.
    Pero, no entiendo nada ¿Y todo este tiempo cumpliendo con nuestra obligación? ¿Te acuerdas de aquel año, el del problemón, de todos esos cigarrillos apagados con el pie y nosotras sin rechistar, brillando a pesar de la adversidad? ¿Te acuerdas de los saltos tan tremendos en aquella fiesta y nosotras tan resistentes? Ah ¿y recuerdas aquella vez que aquel jefazo se tumbó con su amante…y nunca dijimos nada de nada? Fuimos discretas para evitar cualquier problema a la empresa. ¿Y todo eso? ¿Ya  no les importa?
    Pues por lo visto no. Creo que lo más relevante es “disminuir el compromiso”
    Estoy perdida. Vamos a ver: ¿van a hacer una obra costosísima para sustituirnos por un plástico?
    No, no has entendido nada. No nos van a quitar. Nos lo van a pegar encima. Así, de esa forma, se ahorran todo lo demás. En teoría, legalmente hablando, no nos quitan y por tanto…bueno no sé exactamente lo que quieren decir, pero es algo así como vacío legal.
    Pero si nos ponen encima un plástico nosotras ya no existimos. Ahora lo entiendo menos.
    Yo tampoco comprendo nada amiga mía.
    Dios mío ¿qué es ese olor tan horroroso?
    El pegamento. Y luego, vendrá la oscuridad y el olvido.

miércoles, 19 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 462. ¡Qué razón llevaba!

Miró la radiografía del derecho y del revés. La alejaba y acercaba con el objetivo de que esos cambios de distancia, como hacía con el crucigrama del dominical para no confundir verticales con horizontales, le diesen alguna pista. No veía nada reconocible o que tuviese algún sentido, salvo una mancha, parecida a un borrón de esos que de chico echaba en el cuaderno. Sonrió levemente al recordar cuando su maestro, don Agapito, le repetía hasta la saciedad, adornada de coscorrones: «Cuidado con los tachones, Marianito: te pueden costar muy caros». « ¡Qué razón llevaba!», dijo en voz alta dando otra vuelta a la radiografía.

miércoles, 12 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 461. Los seres invisibles

Una vez, en un viejo pañuelo, fueron a encontrarse una lágrima y una gota de lluvia . En un primer instante no se dijeron nada, pero al poco empezaron cada una a esgrimir sus poderosas razones de posesión de la tela.
   Este pañuelo es de mi propiedad, ya que el dueño se secó en él el resultado de un desastre amoroso, que soy yo.
   De eso nada. Este pañuelo fue tirado en la calle y yo, caída del cielo, fui a posarme en él. Por tanto es mío.
Después de un buen rato discutiendo, oyeron un grito desesperado:<< ¡Dejadme en paz. Respetad mi silencio y…mi soledad! >> Les dijo el pañuelo, que empezaba a ser agitado por el viento de la madrugada.

martes, 11 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 460. ¿Psiquiatra o siesta?

Los sueños, sus sueños, sí, esos que eran como pájaros de tonalidad rosada muy agradable, fueron de repente perdiendo altura hasta que, ya a tiro de un grupo de crueles y certeros cazadores que portaban las mejores escopetas existentes en el mercado, empezaron a disparar contra ellos derribándoles a todos sin excepción. Una vez en el suelo, que no era un mullido colchón de hierba fresca como en las praderas de las películas del lejano oeste, sino un barro húmedo y pestilente, fueron pisoteados por una manada rabiosa y descontrolada de ñúes, cuyas pezuñas iban rematando a aquellos rosados sueños que habían tenido una segunda oportunidad después de la perdigonada recibida.
<< Ufff..., vaya pesadilla ¡No sé si debería ir al terapeuta o no volver a quedarme dormido viendo estos programas de animales!>>

jueves, 6 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 459. Siguiente sitio

No encontraba su lugar. De nunca, esa es la verdad, aunque se engañaba constantemente: trampeaba a su subconsciente ya que iba de sitio en sitio, siendo sitio un comodín, es decir, cualquier cosa: pareja, amigos, playas, ciudades, lugares de vacaciones, consultas médicas…vamos, repito, cualquier cosa en neutro, femenino o masculino.
Se preguntaba, en los momentos lúcidos que tenía por desgracia, si sería una equivocación de su ¡última reencarnación!  Hasta en eso se engañaba, ya que sabía antes de hacerse la pregunta, que no creía en la reencarnación.

…Siguiente sitio…éste parece bueno.

lunes, 3 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 458. La casa de paja

Cuando se terminó de verdad todo lo que tenía ahorrado no se desesperó. Curiosamente, lo que le vino a la mente fue su cuento favorito, aquel que tantas y tantas veces su madre le había leído hasta grabarlo en su mente a prueba de demencias. No dejaba de resonar la frase «y soplaré y soplaré y tu casa derribaré». Se sentó en el suelo.
—¿Qué haces, papi?
—Esperando al lobo, hija.

jueves, 30 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 457. A mejorar

Llegó uno de los momentos más duros de toda su vida, el de la separación. Inevitable. Sí, inevitable. Lo había intentado todo. Todo, todo, cuantitativamente todo. Ya no podía más. Los ojos llenos de lágrimas, la cabeza a reventar, asfixia. Los médicos, todos a los que había acudido, nada pudieron hacer. Visitó a los mejores y nada, no hubo solución. Después de cinco años juntos, cinco años intensísimos, cinco años de la mejor y más gratificante compañía, todo se acabó. «Aquí vas a estar muy bien. Vendré a verte». Después de esa breve despedida salió a la calle, cogió el autobús y regresó al hogar, ahora vacío. Se tomó la medicación de la alergia, alergia al epitelio gatuno. Empezó a mejorar.