Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


viernes, 16 de febrero de 2018

Nanorrelato Nº 496. El hombre del tiempo

Estoy muerto. Sí, lo estoy. No parece lógico ver esas nubes aquí, tan cerca. Pero me duelen las muñecas y no debería haber dolor donde quiera que esté. ¿Estoy muerto? ¿Seguro que sí lo estoy? ¿Es lógico que estas nubes, que parecen cirros, y los cirros sólo se encuentran en la franja comprendida entre los ocho y doce mil metros de altura, estén tan cerca? ¿Y estos pitidos? Parecen de un hospital. NO, no estoy muerto. Ahora recuerdo: sólo soy el hombre del tiempo que…, ya no quería ser “el hombre del tiempo”, y también he fallado, como otras  muchas veces, en la predicción que yo creía más segura.

viernes, 9 de febrero de 2018

Nanorrelato Nº 495. ¡Feliz cumpleaños!

Cuando cumplió 175 años, mientras soplaba las velas hincadas en una tarta de dos metros cuadrados que los nietos de sus tataranietos le habían regalado porque era la única que podía contener semejante número, comenzó a pensar en hacerse un plan de pensiones, ¡que ya estaba bien de ser un inconsciente! Era hora de empezar, con tranquilidad eso sí, a asegurar el día de mañana. Y al día siguiente, ni corto ni perezoso, se acercó a la sucursal que más lejos encontró, ya que era muy celoso de su intimidad y hacer una cosa así, pensó, pudiera llevar a engaño a sus vecinos que al enterarse interpretaran cierta cobardía ante el futuro. La persona que le atendió, con los ojos como platos durante toda la entrevista ya que, además de preguntar por el plan de pensiones, intercalaba frases de “podríamos merendar juntos, señorita” y “en mi pueblo tengo una casa con chimenea”, le negó todas las proposiciones, las de tipo personal y, por supuesto, la apertura de cualquier plan dada su elevada edad. Pues no entiendo nada, le espetó: cuando vine hace noventa años a comprar preferentes, la persona que me atendió no me puso ninguna pega de mi, entonces, “elevada edad” y aceptó el dinero con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Tú te lo pierdes! Y…, volvió a su partida de mus. ¡Tu abuelo jugaba mejor!  Qué deshonra de nieto, a tus cien años ya podrías haber aprendido algo. Eso es por comer brócoli y no panceta… ¡Manolo, ponme otro coñac que este jovencito paga!

jueves, 8 de febrero de 2018

Nanorrelato Nº 494. Vitae

¿Tiene usted enchufe? Le preguntó justo cuando su curriculum vitae estaba a un centímetro de la bandeja. Se quedó parada sin saber muy bien qué contestar, con esa duda que crea la incomprensión. Pero cuando el otro hemisferio cerebral tomó el control, le respondió, como siempre le habían enseñado, diciendo la verdad: no. En ese instante, el centímetro se convirtió en un metro y el papel volvió a su mano. Notó incluso que todavía estaba caliente ya que sus yemas coincidieron con exactitud en el sitio que las había puesto durante la espera. En un alarde de valentía dijo: tengo dos carreras y cinco máster. El último todavía lo estoy pagando. Pero mujer… ¿No ve usted la televisión? ¿Es que no se informa? Eso no vale para nada, y más siendo mujer. ¡Ay, cuánto daño hacen las películas!, dijo el individuo mientras se daba la vuelta abandonando el sitio. En ese instante sonó un disparo seco que inundó la sala de ruido y silencio. Lleva usted razón, hacen mucho daño, sobre todo las de tiros. Y el manojito de folios cayó al suelo educadamente, sin aspavientos, sin hacer nada de ruido, como corresponde por otra parte a un brillante currículum.., ya sin vitae.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Nanorrelato Nº 493. La vida

¡Fuera, esto se hunde! Le gritó la desesperación, a la que por cierto había hecho caso en todo lo que le fue susurrando durante tanto tiempo para que se subiera en esa lancha desvencijada, que ahora tenía que abandonar. Una vez en el agua su desilusión le obligó a borrar las letras que había pintado en el casco cuando, sin que nadie le viera, lo bautizó como “Vida”. Todas las cosas que llevaba en su cabeza fueron una a una abandonando el cráneo con la misma prisa que él había saltado por la borda, al compás del frenético ritmo de las centelladas que le daba el mar. Cuando le encontraron, tenía asida en su mano el trozo de tiza, único vestigio de cuando enseñaba en la Universidad y maravillaba a sus alumnos desentrañando, mediante ciclos bioquímicos, la belleza de la existencia.

lunes, 29 de enero de 2018

Nanorrelato Nº 492. Plan perfecto

El chiquillo lanzó la flecha con todas sus fuerzas y su mejor puntería. Blanco. Su abuelo cayó al suelo inmediatamente ya que la saeta le dio en pleno ojo derecho y el dolor ocasionado era, de momento, inaguantable. Las personas se repartieron en dos, los que fueron a socorrer al abuelo y los que regañaron al niño. ¡Qué fatalidad! dijeron a la vez los dos líderes de ambos grupos, con ese ojo tan hinchado no le podemos dejar en la residencia…, siempre hay imprevistos que descabalan todo, continuaron apuntalando los seguidores de ambos jefes. En un rato pequeño, cuando nadie estaba pendiente, el abuelo guiñó el ojo bueno al nieto que le correspondió con el dedo pulgar hacia arriba mientras iba camino de cumplir el castigo impuesto a su habitación.

jueves, 25 de enero de 2018

Nanorrelato Nº 491. La crisis

No recuerda el día en que se convirtió en asesino y mucho menos cuando admitió al mercado y pasó a ser asesino a sueldo, porque fue en ese orden. Todos sus trabajos habían sido siempre impecables, y escribo eso porque jamás le habían echado el guante. Pero llegó la crisis y las crisis son para todos, para los que venden coches, para los que diseñan interiores y para los que te meten una bala del calibre 7,62 en la cabeza a mil metros con viento en contra. Así que a la vez que unos se iban al paro súbitamente, a él empezaron a caerle trabajos cada vez peor pagados, lo que implicaba por ejemplo que sus disfraces ya no eran tan buenos: de hecho una vez utilizó una peluca que le produjo un sarpullido que le impidió trabajar durante un tiempo y dejar rastro de su identidad en el Centro de Salud. Al último lo mató con un garrote delante de todo el mundo. ¡Maldita crisis!, exclamó mentalmente, escondido en una pensión de mala muerte mientras oía a la dueña golpear en la desvencijada puerta mientras le gritaba que le debía una semana.

jueves, 18 de enero de 2018

Nanorrelato Nº 490. Gratuito

Érase un periódico gratuito. Estaba muy deprimido, ya que él quería ser otra cosa, una revista médica especializada, un catálogo de divertidos juguetes que los niños ansiosos ojearan una y otra vez, quizá un boletín autonómico que contuviese resoluciones importantes.., yo que sé, otra cosa vamos. Estaba harto de pasar de mano en mano y de dormitar en las horas bajas de afluencia de viajeros encima de un asiento, puesto de cualquier forma. Tenía las esquinas dobladas de tanto lector descuidado y le dolían bastante. Cuando alguien lo agarraba, porque era eso lo que hacían con él, agarrarle, pasaban las hojas muy rápido, como si lo que mostraba no tuviese importancia y eso no era cierto, pensaba él, llevo lo más importante de las noticias, la actualidad más rabiosa, pero…, como soy gratuito la gente cree que lo que guardo dentro de mis entrañas no es valioso. Las personas sólo valoran lo que cuesta dinero y cuanto más mejor. Un día estuvo a punto de llamar a un psicólogo, pero un viajero que tuvo la deleznable actitud de al terminar la hojeada convertirlo en una turuta, se enteró que era psicólogo cuando contestó al móvil. ¡No hay esperanza! Así que siguió agarrado a sus sueños y fabulaciones como, por ejemplo, que sería algún día un ejemplar de The Lancet.